¿Y si el notario también barre para los corruptos?

ESCRITO POR

La corrupción opera en red, protegida por estructuras que aparentan legalidad. Un nodo clave de la red, pero poco cuestionado, es el notariado.

El notario no solo “da fe” de lo que ocurre en una oficina. Es una figura –un abogado– con poder legal para validar actos como compraventas, constitución de empresas, testamentos, fideicomisos. El notario verifica identidades, redacta escrituras, inscribe propiedades. 

Lo que dice un notario se presume como verdadero ante la ley. Y es justo ahí donde reside su poder… y su riesgo.

El poder de los notarios no es cualquier forma de poder. Lo que un notario dice y firma se asume como verdad, sin discusión. No requiere prueba adicional, no se cuestiona. Tienen la posibilidad de legitimar realidades, personas y bienes. Un notario puede darle forma legal a lo que quiera. Un notario puede ser la base de la confianza social, o quien encubre intereses oscuros, corrupción, lavado de dinero y despojo.

¿Qué tiene que ver el notariado con el lavado de dinero?

El lavado de dinero consiste en ocultar recursos de procedencia ilícita para que parezcan legales. Los notarios señalan como ‘verdaderos’, actos donde se mueve mucho dinero, se transfieren propiedades o se crean empresas y estructuras legales complejas. Estos actos o hechos pueden servir para “blanquear o lavar” recursos provenientes del narcotráfico, la corrupción, la trata de personas, el fraude, el huachicol, entre otros delitos.

Si los notarios no cumplen con su función de verificar y certificar con rigor, personas con recursos de procedencia ilícita pueden legalizarlos e introducirlos al sistema financiero y económico formal.

La legalidad también se usa para excluir

Mientras personas comunes enfrentan obstáculos enormes para regularizar sus propiedades o acceder a la justicia, hay quienes con acceso al notariado disfrazan millonarias operaciones ilícitas. Esa desigualdad en el acceso a la legalidad, y a la “fe pública”, es parte de un sistema que perpetúa la concentración de riqueza y poder.

Hablar del papel del notariado, y de quienes son notarios, no es un asunto técnico. Es político y social.

Quienes quieren abusar y traicionar lo público, quienes saquean lo que es de todos, siempre tienen un “amigo notario”. O, incluso, se vuelven notarios ellos mismos. Los más cínicos, se compran la notaría.

Controlar la corrupción, el lavado de dinero, y el despojo no es sencillo. Cuesta mucho porque, como todo aquello que le es funcional a los poderosos, las notarías son un privilegio que protegen. No tenemos otra opción más que cambiar esto si queremos un país donde la fe pública sirva para todos, no solo para unos cuantos.